martes, 16 de febrero de 2016

Botellón y ¿Cultura?. Carta abierta al concejal de Cultura de Oviedo, Roberto Sánchez.



Estimado concejal Roberto Sánchez Ramos​, igual que hace poco aplaudí en tu propio muro de facebook varias propuestas culturales para Oviedo, ahora tengo que mostrar mi desconsuelo respecto al botellón y su elevación a la categoría de "costumbre cultural". 

¿Cómo definimos "costumbre"?, ¿cómo definimos "cultural"?, ¿qué es una "costumbre cultural"?. 

Hace unas semanas, desde el consistorio se advirtió que no se cederían los balcones del Ayuntamiento para nada relacionado con la Semana Santa, pues se entiende que sólo deben utilizarse en actos organizados por el propio consistorio. Me parece bien que las creencias, que son algo del ámbito privado, nada tengan que ver con lo público, pero... ¿la Semana Santa no tiene más "historia" que el botellón?, siendo así ¿no la incluimos dentro del término "costumbre"?; la Semana Santa, al margen de lo religioso ¿no tiene nada de "cultural"?, incluso ¿no mueve la actividad turística y hostelera/hotelera?.

Ese espectáculo abominable que para mí son las "corridas de toros", ¿no tienen más "historia" que el botellón y por tanto no debería incluirse dentro del término "costumbre"?; ¿es que las corridas de toros -pese a lo aberrante- no tienen nada de "cultural" en nuestro país?, incluso ¿no mueven también la actividad turística y hostelera/hotelera?.

Pues si se prohiben las corridas de toros y el uso del balcón consistorial en la Semana Santa, independientemente de sus tintes correspondientes ¿por qué se permite el botellón como excepción en las ordenanzas municipales contra el consumo de bebidas en la vía pública, y como "competencia desleal" a los hosteleros?. Y para mayor bochorno, ¿cómo se puede elevar a la categoría de "costumbre cultural" una actividad con muy poco tiempo de existencia y que de cultural tiene lo mismo en que se parece un huevo a una castaña?.

Lo que apuntas como un éxito de que no se ha dado ningún coma etílico suena igual que cuando desde el Ministerio del Interior o las Delegaciones del Gobierno aparecen en los Medios intentando hacernos creer que la criminalidad, los robos y asaltos verdaderamente han descendido durante la crisis. A ver si es que ahora va a resultar que el "botellón", además de "costumbre cultural" vamos a tener que incluirlo en el currículum educativo como asignatura troncal. 



El botellón, además de dificultar la diferenciación entre mayores y menores de edad (recordemos que éstos últimos no tienen permitida la ingesta de alcohol por motivos de salud) molesta al ciudadano porque genera suciedad, ruidos y altercados, y molesta al hostelero porque permite la competencia desleal con el visto bueno de la administración que recauda sus impuestos. A los únicos que no molesta son al gobernante que va de "guay" y al que bebe. Los demás (independientemente de ideologías y color de voto) pasamos directamente a la categoría carca-fascista-represora. 



No cabe duda de que los jóvenes se ahorran mucho dinero en el botellón frente al mismo consumo en locales de hostelería (por cierto, no estaría de más que a los chavales se les enseñara que no te puedes gastar más de lo que tienes, y que si tienes para una copa y no para cuatro no se acaba el mundo), pero lo verdaderamente dramático es que persistamos en el error de una Educación equivocada y en que no exista la capacidad de convencerles que beber alcohol no va intrínsecamente unido a diversión, a ocio, a "Cultura". ¿Es que no se les pueden realizar otras ofertas culturales?. ¿Es que los jóvenes, por el mero hecho de serlo, están exentos de cumplir la legislación?. 



Permitir que esta "actividad" se extienda en el tiempo y -entonces sí- se convierta en costumbre es un error, parecido (en otros términos) al de la mal llamada "fiesta nacional", y calificarlo de "cultural" supone colocar injustamente al mundo de la Cultura al nivel de los estercoleros. 

Estamos a tiempo de pararlo, pero para eso el gobernante tiene que pasar de ser "guay" a ser "responsable"... salvo que entienda, claro está, que la gente está mejor así que adquiriendo criterios con los que pudiera llegar a formarse "peligrosas" opiniones propias.










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